La venganza de los pajaros que cargan gallinas


En algún momento en que nadie noto, todo se volvió un casting, todo se volvió un concurso de belleza, donde evalúan lo que dices, como luces y como lo haces, y cuando terminas tienes que pasar a buscar la etiqueta que fue lo que recibes como resultado de todas estas pruebas, si no te esfuerzas por algo encontraras una etiqueta, si te esfuerzas demasiado tienes otra, eso sin contar con las etiquetas que uno mismo se impone y que son aun mas difíciles de sacarse.

Pero llega un momento en que la verdad, decides que el mundo ya no te puede detener, porque simplemente te cansaste de sostenerlo, es como si fuéramos todos parte de una gran show, donde siempre el protagónico es la persona de al lado, a veces la pareja, a veces el familiar, donde uno siempre trata de sacar adelante esa persona, donde uno gasta y gasta energías en que el supuesto protagonista brille y de alguna extraña manera esa luz te rebote a ti. Por lo general y por no decir siempre, el resultado es nefasto, a veces el protagonista simplemente no brilla y lo único que quiere es ego, y uno tiene que ser la incansable fuente de elogios para decirle “tu puedes” sin obtener nada a cambio, otras veces el protagonista brilla, pero simplemente ya no te necesita más, eres un lastre y ahí te dejo. Es como el mal del paladín, tan común muchas veces, el paladín va, entra al castillo, lucha con el dragón, saca a la princesa entre los monstruos, y apenas la deja en un lugar seguro, ella se va con el primer tipo que tiene auto.
Pero ya es suficiente, esto no se trata de vengarnos, no se trata de cobrar boletas que ya se vencieron. Se trata del cambio del protagónico, es cuando la gente invisible decide, no tomar la luz, es generar su propio spotlight. Llámese gente invisible a aquella que no eran los malos ni los buenos de las películas, simplemente los que existían en colores tenues alrededor de los colegios, escuelas y universidades, donde generalmente el profeson no recordaba su nombre.

Ahora llega el momento de mandar a la mierda al planeta, ni tampoco tener que sostener obras ajenas. Exijo mi protagonismo, y si no me lo dan, bueno… renuncio a tu obra y voy a crear la mía.
Cuando la adversidad del mundo ya no te pudo tumbar, aunque te dejo machucado y unos moretones y cicatrices memorables, cuando despertaste en el suelo y mordiendo el polvo y te levantaste por tu cuenta sin necesitar un personaje secundario que te dijera que hacer, y cuando una vez de pie te dijiste a ti mismo “mismo, si te levantaste solo, deberías poder correr y saltar solo”, y es ahí cuando comienzas a cosechar triunfos, triunfos mucha veces para ti, de darte cuenta que todo este tiempo, estuviste tratando de levantar piedras. Como un cuervo que quiere subirle el ánimo a una gallina, solo porque ella sola decidió el no volar. Cuando te das cuenta y abres las alas, y te las miras y piensas “wow, no se veían tan grandes cuando las tenia escondidas”, y cuando te das cuenta que tanto tiempo tratando de levantar lastres y gallinas pesadas que no querían volar con sus alas, lo único que hicieron fue fortalecer tus alas y que ahora puedes volar tan alto que los “no podrás” que te arroja el mundo desde el suelo ni siquiera te alcanzan.
Cuando ves lo que quieres y que ya tienes una idea de cómo volar hacia ese lugar, aunque sabes que no será fácil, no será placentero, pero en lo más profundo de tu personalidad sabes que es lo que quieres y que podras lograrlo aunque el resto de las aves te digan que es inútil… o que es una estupidez, no importa, ellas no ven el mundo desde la altura que tus alas ahora te pueden dar. No quieres fortuna (aunque un poco siempre ayuda), no quieres elogios, ni aplausos, la mejor satisfacción, es lograr lo que uno quiere, contra la expectativas.
Es por eso, que a mucha gente que conozco por ahí, que sienten que la vida les arrebato el protagonismo, que dejen de estar ahí para los demás como un accesorio para dar ánimo cuando el resto cae, que salgan de la invisibilidad de sus rutinas, de lo monótono que es el papel que el mundo les entrego, y que escriban su propia obra y que las interpreten y la canten en cada lugar donde están parados, aunque el resto pareciera no verlos, se rían o les digan que no podrán. Hay una sola cosa que uno es dueño en esta vida, y es el destino propio. El mundo se ha esmerado en premiar la frivolidad y la superficialidad como lo supremo, pero por eso. A los que no ganaron el concurso de belleza, y a los que no obtuvieron el protagonico en el casting. Que peleen por eso y hagan lo que más le gusta hacer, al menos una vez en sus spotlights. Ahora es el momento, antes de que las luces bajen.

Pueden asustarme, pueden golpearme, herirme, verme sangrar, incluso pueden dejarme sobre mis rodillas de dolor, pero uno cosa me he demostrado a mí mismo, es que de alguna manera extraña, no pueden detenerme.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

pinches gallinas nalgonas, ni huevos dan, nomás cacarean las pu...tas. a ver si no ven a la gente invisible cuando les pisemos las plumas de la cola. estimadas gallinas, ahí les va un regalo desde lo alto.

jajaja
jajaja
jaja
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